El cigarro electrónico declara la guerra a una industria de 500 años

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Durante siglos, el negocio del tabaco no sufrió mayores cambios: hojas envueltas en otras hojas o en papel que se encendía y se inhalaba el humo. El ritual fue el mismo desde hace más de 500 años… hasta ahora. Los cigarrillos electrónicos hicieron su incursión en el mercado norteamericano en 2007, y desde entonces su uso se ha extendido por todo el mundo. De hecho, en 2015 las cifras globales en ventas rondaron los 7,000 millones de dólares (mdd), y de acuerdo con la Asociación Internacional del Cigarrillo Electrónico (TVECA, por sus siglas en inglés) se proyectan ventas que alcanzarán los 24,000 mdd para el año 2019.

Aunque esas estimaciones están muy por debajo de los 35,000 mdd que genera la industria tabacalera al año, el uso de los cigarrillos electrónicos (e-cigarettes) está en aumento, sobre todo en países de Europa y Estados Unidos, donde defensores y detractores de estos aparatos han comenzado el debate sobre las principales diferencias entre e-cigarettes, cigarrillos tradicionales y regulaciones que uno y otro deberían tener. Y es que a pesar de compartir un mismo nombre, estamos hablando de dos productos completamente distintos. Todos sabemos que los cigarrillos son un puño de tabaco envueltos en hojas de tabaco o papel que combustiona para inhalar el humo. Pero en el caso del cigarrillo electrónico, el proceso es más complicado, ya que para funcionar cuenta con un cartucho en su interior que contiene un líquido, que es vaporizado gracias a una batería eléctrica al inhalar por la boquilla, e imita así el humo del cigarrillo real. En algunos modelos también se enciende un led en la parte final del cigarrillo electrónico que asemeja un cigarrillo encendido.

Como lo que produce es vapor, sus usuarios suelen llamarse vapers, y a la acción de fumar estos cigarrillos se le conoce como vapeo. El líquido de los cigarrillos electrónicos contiene, entre otras sustancias, propilenglicol o glicerina vegetal (usados como solventes) y nicotina. Asimismo pueden encontrarse de distintos sabores como mentol, vainilla, tabaco, café y frutas. Justamente por la manera en que funcionan es que la comunidad científica y los gobiernos no han logrado ponerse de acuerdo sobre las diferencias regulatorias que deberían existir para estos productos. De hecho, el pasado 5 de mayo la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) anunció que regularán los cigarrillos electrónicos, Premium Cigars, y productos Hookah debido a la alta incidencia que tienen estos productos en la población más joven.